lunes, 7 de septiembre de 2020

Augusto Berutich, presidente de "Los Generosos"

Hoy parece un mundo remoto pero en los años de la “revolución enológica”, los 80s y primeros 90s, no había aún cursos de sumilleres ni escuelas que impartiesen los distintos niveles del WSET. Unas pocas tiendas y algunos bares inquietos los suplían y funcionaban como centros culturales improvisados en los que el amor por el vino y su conocimiento pasaban del maestro a los discípulos que eran, además, sus amigos (y clientes).


 
Augusto Berutich fue uno de estos maestros vocacionales. Sin cargo ni títulos, pero con pasión, trayectoria y conocimiento, reunió en su Cava de Estrecho a un grupo de fieles a los que transmitió su pasión por los vinos, especialmente los generosos y, sobre todos, el Jerez. “Por fortuna, durante esta época oscura hubo gente que trabajó, dentro y fuera de Jerez, para evitar la extinción de estos maravillosos vinos”, escribe Jose Carlos Román en el blog fullspain.com -https://fullspain.com/jerez-deberia-dar-las-gracias/#-. “Gente que nunca dejó de beberlo y profesionales que fueron a contracorriente cuando lo fácil era apostar por otros vinos con los que nos bombardeaban los sacerdotes, defensores del Jerez como Lorenzo Martínez-Dueñas, Pepe Iglesias o Augusto Berutich, que hace menos de dos décadas tenía en Madrid una tienda en la que vendía cientos de referencias de Jerez, la añorada Cava de Estrecho; pasó casi sin pena ni gloria pero hoy sería un centro de peregrinación”

Cuando en 2013 nació nuestra Asociación Los Generosos, fundada por algunos de estos chavales de entonces, fue obvio que él debía presidirla. No siempre estábamos de acuerdo con los aires de solemnidad que le gustaba imprimirle, pero vivimos grandes momentos cuando todo fluía. Su maravillosa colección personal de soleras antiguas, muchas hoy extinguidas e inencontrables, nos permitió explorar el carácter de marcas y bodegas y profundizar en la evolución en el tiempo de finos, amontillados, cortados, olorosos y otros estilos. Y, como nuestras quedadas siempre han sido tanto o más lúdicas que “científicas”, también aprender sobre maridajes, temperaturas y aireaciones sin dejar de jugar y maravillarnos. Augusto compartió estos tesoros con generosidad y, sobre todos ellos, la enorme base de datos de vinos, personas, viajes y anécdotas que llevaba en la cabeza.


Fruto de esta búsqueda, Los Generosos desembarcamos en Vinoble 2016 con una propuesta muy ambiciosa y polémica que, quizás, fue uno de los pistoletazos de salida de esa nueva fiebre por las botellas viejas que hoy se extiende. “Los Generosos y el Tiempo” fue una gran cata en la que intentamos compartir nuestros descubrimientos y que reunió a más de cien personas para confrontar botellas con decenas o cientos de años con sus versiones actuales. En el recuerdo quedan también los cursos de dos niveles que organizamos en la tienda Reserva y Cata, las jornadas festivas en el tablao El Corral de la Morería o el restaurante Manolo, o las actividades en las Sherry Weeks en La Caníbal y O Pazo de Lugo, entre otros preciosos momentos.

El 4 de septiembre Augusto se fue tranquilamente, en plenas facultades y con ganas de seguir haciendo cosas. Nunca le vimos más feliz que en aquel abril de 2014 en que firmamos los estatutos de fundación de Los Generosos en la Bodega de los Reyes de Gonzalez Byass, en pleno centro de Jerez. Ese día firmamos también una bota y juramos sobre las obras de Epicuro. Hoy fuimos al Tanatorio de la M30 y libamos a la salida una botella de un gran fino -saca de otoño 2015- en vasitos de plástico en su honor. 

Ahora nos toca a nosotros defender este legado.

 




 

martes, 31 de marzo de 2020

El Jerez: oración y éxtasis

Queridos amigos:

Qué tal por casa, todos bien? Por este sector del frente, sin novedad.

Ante la tragedia que está asolando nuestra querida Nación y buena parte del Orbe conocido, permitidme ahora esta breve invitación a la reflexión más profunda y sincera que me alcanza, y compartirla con todos vosotros, con el afán de animar y reforzar nuestro espíritu y mente con la esperanza de una pronta y definitiva victoria sobre esta maldita pandemia.


Gracias a mi acomodada Bodega; y especialmente a la surtida colección de antiguas y buenas botellas de Jerez, estoy mitigando con filosófica paciencia franciscana el obligado cautiverio. Haciendo así más llevadera y provechosa la obligada reclusión que a todos nos mantiene acuartelados.

Ayer, sin ir más lejos tuve la oportunidad de conversar en largo e inusitado diálogo con el Altísimo….

Me sugirió tan deseada entrevista D. Antonio Machado, susurrándome al oído la sincera plegaria que en sus versos ansiaba….
“Converso con el hombre que siempre va conmigo, /-quien habla solo espera hablar con Dios un día; /mi soliloquio es plática con este buen amigo, /que me enseñó el secreto de la filantropía….”

Mi emoción fue celestial. Oyendo en amoroso coloquio sus divinas palabras, derramadas y esparcidas con tanta generosidad en una buena copa del Oloroso, añada de 1964 con el cuño y lacre de González Byass.

Confieso que fue toda una nueva experiencia –a mis años- con aura de coros arcangélicos y aromas de incienso y mirra…. ¡Profético! Visión y sensaciones indescriptibles. Escenario homérico…metafísico… y sublime…, que elevó mi pensamiento y me puso en trance de mística levitación.

¡¡¡ Qué gran sabiduría y modestia guardan estos Grandes Vinos… y con cuanta hermosura y sencillez lo saben expresar!!!

Sus luminosos destellos y aromáticos efluvios, persistentes e inagotables, desbordan, saturan y trascienden las fronteras del campo sensorial para el más avezado y despierto catador. Una íntima emoción nos invade y nos recoge en profunda meditación… Recóndita armonía… Éxtasis.

Las antiguas Soleras del Marco de Jerez son tesoros de incalculable valor. Testigos fidedignos y permanentes de una Cultura e Historia milenarias. Estos únicos e inigualables vinos han sido producidos, criados, educados y formados con plena dedicación, esmero y amoroso sacrificio, por maestros artesanos; de generación en generación.

Conservados y guardados con celo y generosa e ilusionada paciencia, durante largos años, en la penumbra y el silencio de un claustro monacal. A ritmo lento han ido aprendiendo, creciendo y desarrollando su estilo, gracia, personalidad y sabiduría… y finalmente se han facultado y doctorado en las especialidades propias del Marco y reconocidas desde antiguo por el Consejo Regulador de la DD.OO.: Finos/Manzanillas. Amontillados y Olorosos. Palos Cortados. PX y Moscateles. Medium y Cream.

Según sus propias cualidades y méritos los vinos han sido conducidos en cada fase. Todo ello realizado bajo el minucioso control de concienzudos maestros- que ejercitan su profesoral misión docente en las Aulas, -a pie de Bota- en el Alma Mater del vino: que son Las Bodegas de alzada catedralicia del Marco jerezano.

Son, en fin, Vinos de culto, devoción y perseverancia. Vinos que entusiasman, cautivan y sorprenden…. Vinos a los que deberíamos acercarnos con recogimiento y humilde unción religiosa; pues cual dones sobrenaturales se derraman, escancian y presentan solemnemente sobre el supremo Altar de los Dioses Eternos.





BRINDIS: En estos momentos tan aciagos y tan amargos que estamos viviendo, nuestro natural espíritu, abierto y generoso; humanitario y solidario nos lleva a proclamar bien alto, nuestro más sincero agradecimiento y apoyo a todos cuantos buenos españoles anónimos están en primera línea de fuego, -con serio riesgo de sus vidas- defendiendo, luchando y trabajando por la salud, la atención, el bienestar, la seguridad, y el abastecimiento de productos y servicios esenciales de todos los ciudadanos.

Por todos estos héroes y por sus familias, LOS GENEROSOS brindamos agradecidos y emocionados, con una copa del mejor Jerez.

Augusto Bérutich Montesinos
Presidente de Los Generosos Madrid
30/03/2020




lunes, 24 de febrero de 2020

Los Generosos actualizan su imagen

Hace ya 6 años que se fundó la Asociación Los Generosos con el objetivo de divulgar y difundir la Cultura del jerez, y desde entonces su logotipo se ha mantenido inalterable. Ahora que estamos en el año 2020 y año "Vinoble", hemos querido adaptar dicho logotipo a los nuevos tiempos. Tiempos de novedades en Los Generosos, con nuevas incorporaciones y con el espíritu de avanzar en esta labor gratificante y altruista de hacer que este patrimonio que es el vino de jerez, sea apreciado y conocido por más y más gente.

Y como el que escribe y suscribe este artículo se dedica a esto del diseño gráfico, pues quién mejor que uno de los miembros de esta Asociación, retome el logotipo que diseñó en su día y lo modernice; lo que en términos de diseño se denomina "restyling", que no es ni más ni menos que un "lavado de cara", de actualización o de renovación. Esta nueva imagen, no implica un cambio en la filosofía de la Asociación, sino un aire y un impulso nuevo.

Una nueva imagen para un nuevo impulso

La tipografía de "Los generosos", una clásica Garamond, como clásico es el vino, y los colores de sus principales tipologías son los elementos que pensamos que no debían tocarse.

Pero hay dos conceptos que en el transcurso del tiempo nos empezaron a dejar de gustar: el texto MADRID-JEREZ que subrayaba la marca, que reducía bastante el abanico de difusión; ya que entre los vinos que catamos, comentamos y adoramos, también hay otras zonas de producción y elaboración, como Montilla, Moriles, Condado de Huelva, Málaga,etc. etc, sin olvidar los Juras, Oportos o Tokays.

Y el otro aspecto, por el que había que acometer una renovación de la imagen de Los Generosos, es porque el catavinos que estaba presente en el anterior logotipo, no es, desde hace tiempo un elemento que le tengamos especial cariño, ya que es una copa, que aunque en su momento fue diferenciador de una tipología de vinos, hoy en día creemos que no tiene las virtudes que debería tener una copa para poder apreciar estos vinos en toda su plenitud. Ni su tamaño, ni su capacidad hacen del catavinos una copa merecidamente apropiada para el vino de jerez.

Así que con estos mimbres y con las ganas de emprender nuevos proyectos para la difusión de estas maravillosas joyas enológicas, hemos tomado la decisión de renovar la imagen de la Asociación Los Generosos. Esperamos que os guste.

miércoles, 17 de julio de 2019

El verdadero misterio es el amontillado


La Asociación Cultural más hermanada con la nuestra es la que forman las chicas, señoritas y señoras de las Sherry Woman. Cada vez más activas montando eventos, prepararon una formación en la Escuela Española de Cata a cargo de Juancho Asenjo para este 15 de julio. Quedaban algunas plazas libres, que nos ofrecieron, así que una pequeña representación de Los Generosos –Alberto Coronado y Luis Vida- pudimos participar en “el amontillado, el verdadero vino del misterio”, una cata espléndida, diseñada para mostrar el mundo multifacético de los vinos que empiezan a ser cuando finos y manzanillas pierden el velo de flor y, entonces, dejan el mundo de la crianza biológica para entrar en el de la oxidación. 



“La gallina es antes que el huevo y el amontillado es anterior al fino”. Juancho desgranó un sinfín de datos históricos, ilustrados con imágenes de libros antiguos de su propia biblioteca que nos hablan de unos tiempos en los que las fermentaciones, bota a bota, no eran entendidas ni controlables, el sistema de criaderas y soleras estaba en sus inicios y pretendía sistematizar este caos de cara al comercio y el velo de flor iba dejando de ser una enfermedad a combatir para pasar a ser un aliado. Eran esos años entre 1830 y 1870 en los que se definió el fino como estilo, ya que durante décadas fue apenas una variante ligera de los amontillados “naturales”, esto es, sin fortificación con alcohol, unos vinos escasos, caros y raros porque eran el estilo opuesto de los oscuros y dulces vinos “de exportación” que triunfaban entonces. Los amontillados, “a diferencia del Oporto, el Marsala y el Madeira, eran generosos secos”.



“Son vinos que tienen infancia, juventud y madurez al mismo tiempo”. La batería de etiquetas de la cata confirmó las palabras de Juancho, con una enorme riqueza de matices que nos hablan de todo menos de un estilo rígido o congelado en el tiempo. Probamos amontillados de fino y manzanilla con la crianza biológica llevada al límite o apenas sin  ella, con criaderas más móviles o más estáticas, de rociado anual, de la escuela más francesa (y por tanto, vinos secos al extremo) que inventó Domecq o la más opulenta de la escuela británica de los Osborne y los Gonzalez-Byass, con esos ligeros toques dulces del cabeceo. Vinos de Jerez, el Puerto “donde el medio alarga más la crianza biológica”, Sanlúcar, Montilla y Moriles, donde antes tenían bodega todas las grandes casas jerezanas y donde las crianzas duran más bajo un velo más delgado. De hecho, parece que fueron los finos montillanos que viajaban en el siglo XIX a los tabancos de Cádiz (y se oxidaban por el camino) los que dieron nombre al estilo.



Fueron nueve los vinos que se sirvieron  en bloques de tres con un hilo común. El primer trío empezó  por la Criadera A de Alvear, un fino amontillado varietal de PX con unos doce años de vejez promedio que aún tiene carácter de flor y toques de fruta compotada (manzana, pera) a la vez que un poco de grasa en el paso. Le siguió el Tres Palmas de González Byass, un amontillado fino con todo el “punch” de acetaldehído de los Tío Pepe, unos diez años promedio y una boca seca, esbelta, de cierta distinción, “entre la infancia y la juventud” porque aún evoca el fino pero ya tiene un potente carácter de especias. Por último, el Tio Diego de Valdespino es un amontillado pleno, una solera histórica que viene del siglo XIX y tiene unos ocho años bajo velo más otros ocho en oxidativa, lo que no le resta potencial para “hacerse maravilloso con unos cinco ó seis años más en botella”. Con el toque repostero de la oxidación, ofrece el fondo de cal profunda que define los Macharnudo en una boca esbelta, muy sápida.



La segunda tanda empezó con el originalísimo 2001 de añada y crianza estática en la misma bota de Williams & Humbert, más joven, tenso, salino y puntiagudo que sus hermanos de solera. Muy especiado, asoman notas frutales de mermelada inglesa de naranja y plum-cake con recuerdos de toffee. “Está en el súmmum del placer porque tomarte dos o tres copas de uno más viejo, ya cuesta más”. Le siguió el viejísimo Amón de Moriles, un vino de enorme concentración, casi de esos que podríamos decir “dolorosos” porque ha tenido apenas cuatro años de crianza biológica casi estática, con solo una criadera y una solera, más treinta y seis años de oxidativa “casi sin rociados”. Nos ofreció un lado del estilo “más rústico, punzante, cálido y grueso”, con sequedad total, un toque volátil y el amargor final al desnudo. La bota 69 del Equipo Navazos cerró la tanda Jerez-Moriles-Sanlúcar con un amontillado “de libro” de manzanilla que viene de la Guita y tiene ya tres años en botella, que se notan, sobre más de diez de crianza biológica. En la boca, tiene la ligereza de los pagos del océano, como el de Miraflores Baja del que procede, con un toque de algas y hierbas.



Para cerrar, los vinos viejísimos que definen las escuelas del Jerez. El VORS de Tradición contiene algunas de las botas de solera del 51-1ª de Domecq y su estilo sequísimo lo evoca con enorme redondez y mucho impacto. El final suavemente tánico, muy largo, lleno de mineralidad salina pero también del toque de bollería que define a los palos cortados, es enorme. El AOS de Osborne era ya una solera que procedía de botas muy viejas cuando se fundó en 1903 y hoy sus aromas de caramelo quemado, soja y pieles de cítricos se expresan sobre un fondo levemente goloso de salinidad in crescendo. “Solían cabecear con PX cuando veían que un vino se afinaba demasiado. Muchos de los vinos viejos de Osborne representan los gustos del mercado inglés, de las clases dirigentes británicas de finales del XIX”. Y cerró el que puede ser el amontillado más viejo que exista hoy en el mercado, el Conde de Aldama de Yuste, un vino de Sanlúcar que agotó su crianza biológica y pasó casi cien años en oxidativa. Un vino de enorme equilibrio y concentrada sequedad que te hace sentir “como si estuvieses chupando piedras con la salinidad del mar, como si fuese una manzanilla viejísima”.

Como veis, fue una cata espectacular y le estamos muy agradecidos a nuestras colegas las “Sherries” por ofrecernos la posibilidad de asistir.





Textos: Luis Vida

jueves, 6 de junio de 2019

Cuatro incorporaciones y una despedida. Los Generosos y una nueva etapa.


El pasado lunes 3 de junio, en el mismo lugar y casi a la misma hora en la que nos constituimos Los Generosos hace un lustro, celebramos una asamblea extraordinaria  muy emotiva: dábamos la bienvenida a cuatro nuevos miembros en nuestra Asociación.


Fueron elegidos en otra asamblea extraordinara en la que propusimos unánimemente aumentar la "familia" generosa con personas que por su trayectoria, amistad o por sus valores fueran propuestos para formar parte de esta Asociación.
La decisión se tomó por decisión unánime de los socios, que hacían su propuesta de nombres y se votaban a mano alzada. La elección final obtuvo por mayoría absoluta la aprobación general de los miembros fundadores de Los Generosos.

Las personas que se incorporan con todos los derechos y obligaciones que imponen su nombramiento son: Carmen Fandiño, Armando del Rey, Andrew Ward y Javier Castro.

Con esta ampliación Los Generosos renuevan sus ilusiones e incorporan savia nueva para poder acometer nuevos proyectos a futuro y poder también aumentar nuestra capacidad de comunicación, de acción y de diversión.

Bienvenidos a vuestra nueva familia, ya sois socios de pleno derecho por méritos propios.

El momento triste fue la noticia del abandono de la Asociación de José Ramón de Casa Manolo. Una decisión respetada, aunque no compartida por el grupo, de una persona que ha aportado sensatez, sabiduría, elegancia y humildad a la asociación. Un enorme tertuliano del que podías aprender muchos conocimientos. Como buen sabio escuchaba más que hablaba. Hasta que tú quieras José Ramón...


Esta vez no vamos a hacer una cata exhaustiva de los vinos abiertos, porque en esta ocasión, los cuatro recién llegados,  han sido los protagonistas de la reunión, aunque se cató un Tío Mateo de los años 70 que captó todas los elogios de los presentes. Como definió nuestro presidente "El Fino Tío Mateo de Bodega. PALOMINO Y VERGARA fue proclamado con toda justicia lo mejor de la noche. Con hechuras de fino de cuerpo entero, que en la botella no se cansó de afinarse y concentrarse en matices y elegancia hasta expresar con rotundidad la complejidad y finura de su estirpe. Reúne todos los grandes atributos de una obra de arte embotellada: Duende, genio y misterio".

 Textos Alberto Coronado, Fotos Abel Valdenebro

jueves, 23 de mayo de 2019

Bodegas Yuste y Herederos de Argüeso en la Caníbal.




Gabriel A. Raya nos trajo el lunes 20 de mayo Sanlúcar a Madrid con una selección personal de diecisiete vinos de las dos bodegas en las que lleva la comunicación: Herederos de Argûeso, un clásico desde 1822 y Yuste, una firma más moderna que recoge el testigo y las soleras de nombres históricos como Florido Hermanos y Pedro Romero con su serie de vinos Aurora. En el local Generoso La Caníbal vivimos un viaje largo e intenso por el camino del velo de flor, desde los ¨mostos¨ de sobretabla hasta el amontillado viejísimo y más allá. El remate fue tremendo, con una colección de “Soleras Olvidadas” que no se comercializan por su escasez y un póker de dulces naturales del marco: listán blanco dulce, moscatel, pedro ximénez y tintilla de Rota, estos dos últimos de soleras centenarias. Muchas gracias a las dos bodegas y también a su distribuidora en Madrid, Toni Martín Bodegas y Viñedos, que colaboró activamente en la cata.




EL CAMINO DE LA FLOR.

1.     Listán blanco tinaja bajo velo de flor 2018. Un “mosto” de los primeros días de vendimia elaborado en tinajas de 10.000 litros en la Cooperativa de Palomares en la zona de Trebujena. 10’5% de alcohol, acidez brillante, carácter herbal y calizo. La capa de flor fue densa y abundante y se nota.

2.     Listán blanco asoleado (cuatro días) de una viña vieja en el pago de Miraflores 2017. Aquí el velo fue breve y fino. El mosto fermentó en una bota de manzanilla pasada Aurora y alcanzó 15%. Su aroma recuerda el pan tostado y los dátiles, con leve dulzor en boca y un toque de avellanas saladas al fondo.

3.     Manzanilla Señorita Irene. Es la “joven” de Yuste con sus 4-5 años de edad media de la solera. Tiene tipicidad en clave ligera, con sabores de masa cruda de pan, almendra y anís.

4.     Manzanilla San León. Un clásico de Herederos de Argüeso que es un despliegue de flor fresca. Con sus 6 años promedio es sabrosa, muy leve en el paladar, umani y salina al tiempo.

5.     Manzanilla Aurora. Yuste rediseñó las soleras de Pedro Romero cuando compró la marca. Es muy seca y fina, oceánica y elegante y la flor asoma por todos sitios entre finos toques de almendra amarga y azafrán. Para Gabriel, en tiempos hubiese sido una manzanilla “olorosa”, digna hija de las botas y también de los toneles del Barrio Alto de Sanlúcar. “Su índice de acetaldehído está por las nubes”.

6.     Fino Señorita Irene en rama. Muy distinto a su manzanilla hermana, leve en peso pero lleno de sabor, procede de las criaderas del Fino Camborio de Juan Piñero y tiene ese acento campestre tan jerezano de romero, camomila y tomillo que se funde con los recuerdos de piel de limón y manzana verde.

7.     Manzanilla San León Reserva de Familia. Una selección especial de botas con algo más de edad que la marca base, ya que ronda los 9 años de promedio. Es una bomba de flor compleja y elegante, con un fondo vinoso y un cierre amargo sutil que pide nuevo trago.

8.     Manzanilla la Kika. Un icono de Yuste, una manzanilla pasada que “ha recorrido todo Sanlúcar y reposado en varias bodegas” y abre en copa algo arisca, ya con los tonos “orgánicos” de la flor declinante, de esos fondos de cabezuelas que van aportando complejidad y volumen a los vinos biológicos viejos, pero que luego en la boca reivindica una juventud radical muy alejada de sus aromas oxidativos de avellanas tostadas. El mundo oceánico de las soleras del Barrio Bajo sigue sujetando un paladar sabroso y potente de corazón salobre.

9.     Manzanilla la Kika Mágnum en rama. Una selección de tres botas (incluyendo una “bota punta”) que reivindica todo el poderío y la elegancia de la flor vieja. Entra en boca como un trago de agua de mar y va creciendo lentamente en sabores de frutos secos y panadería, siempre con mucha clase y el recuerdo de la levadura al tacto.

10.  Amontillado Aurora. Sus sobretablas son soleras de la Kika y mantiene su salinidad, su acento de puerto, pero en un formato amable aunque 19% de alcohol que refuerzan sus toques amaderados de vainilla y canela.

11.  Amontillado 1822 Solera Fundacional. Es el vino más viejo de Herederos de Argüeso, “uno de los amontillados más radicales de Sanlúcar y del Marco”, para Gabriel Raya y procede de doce botas en la bodega San León. Con un color ámbar rojizo, tiene una intensa sapidez y un toque salino ya en el límite. Su paladar etéreo, cortante y larguísimo, se llena de aromas de curry, frutos secos tostados y tabaco. Impresionó.




 LAS SOLERAS OLVIDADAS

12.  Oloroso Soleras Olvidadas. No se comercializa porque procede de unas pocas botas con largos años de crianza estática “a tocadedo” en el Puerto de Santa María, aunque puede comprarse en muy pequeñas cantidades por encargo si eres amigo de la casa. Con más de 23% de alcohol, es una navidad entera en la copa: pannetonne, polvorones de ajonjolí, dátiles, nueces… Denso, concentrado, pasa a cámara lenta por la boca y remata con un cierre tánico.

13.  Palo Cortado Soleras Olvidadas. Procede de una selección de 9 botas de entre 10.000, las únicas que la bodega estima que son verdaderos palos cortados y no olorosos finos ni amontillados oxidativos porque “ahora hay mucha demanda pero nosotros no estamos mintiendo”. Su estilo goloso creó debate. Tiene 23,8% de alcohol con la madera vieja redondeando sus sabores intensos de frutos secos, tabaco, guirlache, clavo y chocolate blanco. Su acidez volátil pone frescura y armonía.

14.  Listán Dulce 2016. Dulce natural de vendimia tardía cuya fermentación se interrumpe con un encabezado de alcohol a 65º, oloroso y raya. Es como un PX joven pero en versión “light” con su aire de mistela, su acidez bajita y un cuerpo que tiende a ligero.

15.  Moscatel Pico-Plata. El clásico chipionero que fue de Florido Hermanos mantiene su frescura inmaculada y floral, con un dulzor que no sacia y no cansa por su acidez brillante y por unos fondos de hierbabuena que refrescan el trago. Se producen apenas 1000 botellas cada 2 años.

16.  Pedro Ximenez Soleras Olvidadas. Procede de dos botas “no” de PX con algunos restos de vinos “de color”. Una textura así no se olvida, puro terciopelo con el tostado muy presente y un corazón de mermelada roja, en un cuerpo de sirope pero fresco y denso en el que los más de 400 gramos de azúcar residual se aligeran con la acidez volátil.

17.  Tintilla de Rota Soleras Olvidadas. La bomba de cierre, la traca final, fue un tinto viejísimo de nariz insondable, animal, cárnica, pero una boca espectacular, una explosión dulcísima pero muy bebible de sabores concentrados de pura crema de fruta sublimada.